Ante los retos de la secularización y la urgencia del diálogo entre culturas y religiones en favor de una humanidad más fraterna, los cristianos sabemos que hay que dar testimonio de una espiritualidad que no es subjetivismo superficial o intrascendente, sino una espiritualidad encarnada, al estilo evangélico, que une profundamente la profesión personal de fe (creer), con la vivencia comunitaria de la fe (vivir y celebrar) y con su profesión pública. Por eso estamos insistiendo mucho este Año de la Fe en la necesaria calidad espiritual y evangélica de todo lo que hacemos. Os lo he presentado como una prioridad para todos en el Mensaje del inicio de curso y ahora quiero recordarlo situando la CAMPAÑA de “MANOS UNIDAS” de 2013.

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